SINIESTRALIDAD LABORAL,

¿REALMENTE SE PUEDE DISMINUIR?

El término de siniestralidad laboral hace alusión a la frecuencia con la que se producen siniestros con ocasión o por consecuencia del trabajo, incluyendo tanto los accidentes como las enfermedades profesionales derivadas de la actividad laboral. Hemos de diferenciarlo de accidentabilidad laboral, ya que este término solo incluye a los trabajadores con las contingencias profesionales aseguradas, contabilizando únicamente los sucesos para los que se ha establecido la actuación del seguro.

Según el Ministerio Nacional de Seguridad, Salud y Bienestar en el Trabajo, en España, considerando la población afiliada a la Seguridad Social, se han producido en el pasado año más de medio millón de accidentes con baja laboral, de los cuales el 85% se produjeron dentro de la jornada laboral y el 15% restante durante el desplazamiento del trabajador entre su domicilio y el centro de trabajo (in itínere). Las estadísticas muestran también que el sector laboral con mayor índice de accidentes leves, graves y mortales es el de la construcción, seguido del industrial y agrario. Estos datos muestran que no se está asumiendo la normativa promulgada en 1995 sobre prevención de riesgos laborales.

La OIT (Organización Internacional del Trabajo) ha propuesto que se optimicen y compilen datos de seguridad y salud, de manera que se generen indicadores que permitan un eficaz diagnóstico de situación, con objeto de facilitar a las empresas y a los poderes públicos la planificación, implementación y evaluación de programas dirigidos a la seguridad y al bienestar de los trabajadores.

En el entorno de trabajo la prevención, la seguridad, la formación y la salud laboral son claves para disminuir estas cifras. En incremento que se da anualmente en todos los sectores, es debido a la falta de una cultura preventiva. La precariedad laboral de los últimos años, de algún modo vinculada a la crisis que han vivido sectores como la construcción, ha traído consigo un importante incremento de los accidentes graves e incluso mortales para los trabajadores. La previsión, dado el repunte económico, es que estas cifras disminuyan considerablemente. A parte de que el Gobierno apueste por políticas públicas que fomenten y promuevan medidas preventivas, controles y vigilancia por parte de organismos públicos, han de ser las propias empresas las que proporcionen al trabajador las medidas necesarias, tanto en equipación como en formación, e igualmente mentalicen al trabajador sobre los riesgos a los que se enfrentan y vigilen que todo se realiza acorde con la normativa vigente.

En todos estos aspectos es clave la figura del experto en riesgos y salud laboral, tanto interno en la empresa como si se cuenta con asesores externos o auditores. Periódicamente revisan las instalaciones, los puestos de trabajo y los equipos con los que cuentan los trabajadores para garantizar un estado óptimo acorde con la normativa y los parámetros de seguridad y salud adecuados. Las recomendaciones y planes de acción que emiten, tanto verbalmente como en los informes, han de ser asumidas y puestas en marcha inmediatamente para poder garantizar un entorno seguro de trabajo.

Todos los actores implicados: empresarios, agentes sociales y trabajadores, para los cuales la prevención debería ser una prioridad, han de ser capaces de promover, concienciar y asegurar la excelencia en seguridad y salud en el trabajo.

El 28 de abril se celebra el Día Mundial para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, esperemos poder escuchar que los datos que hasta ahora hemos venido manejando han disminuido significativamente, lo cual será todo un éxito común, en el que habremos puesto de manifiesto que cada vida es importante.