Deporte y equipos de alto rendimiento: las claves del éxito y cómo aplicarlas a tu día a día

En España llevamos un tiempo viviendo un momento muy dulce en el deporte. Además de los clubs privados que llevan décadas alcanzando grandes logros, principalmente en futbol, como el Real Madrid o Futbol Club Barcelona entre otros, nuestra selección en diversas disciplinas o deportistas a nivel individual están cosechando grandes triunfos.

Nuestra selección de futbol ha sido tres veces campeona de Europa y una campeona del mundo. La selección de baloncesto con catorce medallas en veinte años. Rafa Nadal con diecinueve gran slam conseguidos. Marc Márquez con ocho títulos y seis en Moto GP. Nuestras medallistas olímpicas Carolina Marín, Ruth Beitia, Garbiñe Muguruza, Ona Carbinell, Mireia Belmonte, Teresa Perales o Gemma Mengual. Sentimos orgullo al verles conseguirlo, alegría y celebramos con ellos su éxito cuando vemos desde las gradas o desde nuestros hogares como llega el momento clave en el que ganan las competiciones.

Pero este éxito, no es fruto de la casualidad o de la suerte. Requiere meses y años de duros entrenamientos y sacrificios para conseguirlo. A parte del necesario trabajo físico, hay algo más que también es muy importante: el esfuerzo mental, trabajar sobre las emociones y las habilidades que, tanto a nivel individual como de equipo, son claves para ganar.

Tanto en la empresa como en la vida podemos llevarnos un infinito aprendizaje de los deportistas de alto rendimiento y poner en práctica sus ‘buenas prácticas’. Analicemos ese trabajo y pensemos ¿de qué habilidades se trata?, ¿cómo aplicarlas a mi día a día?

En el caso de un equipo de trabajo en una empresa, las dinámicas de los equipos deportivos pueden conseguir la integración de las habilidades individuales y su balance y potenciación para maximizar el resultado de un proyecto y el logro del objetivo marcado de una manera más eficiente tanto en tiempo como en calidad del trabajo realizado. Podemos por tanto establecer el paralelismo de que para obtener resultados extraordinarios necesitamos, en nuestra empresa equipos de alto rendimiento. 

Todos conocemos personas que brillan de manera individual y que sin embargo al trabajar en equipo se diluyen y ni notas que están; y viceversa, personas que ni te fijas en ellas, pero que dentro de un equipo se hacen notar. Esto nos lleva a concluir que el talento de un equipo no lo determina la suma de las capacidades de sus integrantes. De hecho, estas pueden ser superiores o inferiores a la del conjunto.

Los rasgos característicos de un equipo de alto rendimiento pueden resumirse en:

  • Compartir un propósito común
  • Claridad en los roles y expectativas de cada uno
  • Confianza en los miembros del equipo
  • Intensa empatía
  • Calidad de las conversaciones
  • Reglas de juego claras y compartidas

En cuanto a los deportistas individuales es revelador el trabajo que hacen sobre sus habilidades individuales y sobre todo sobre sus emociones, como redireccionarlas para que no nos les influyan negativamente. La inteligencia emocional es clave.

Goleman dice que la inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones. De esta manera podemos trabajar sobre:

  • Autoconciencia: entiende lo que sientes y mantente conectado a tu esencia
  • Automotivación: necesaria para recuperarse ante los contratiempos y gestionar el estrés
  • Conciencia social y empatía 
  • Habilidad para relacionarnos

Para lograrlo usamos diversas herramientas: la concentración, relajación o visualización. Quien no ha visto por ejemplo a Nadal en la pista como mira hacia abajo, juega con varias pelotas en la mano, bota las mismas veces una pelota, o incluso se coloca detrás de la oreja el pelo. Todos son ejercicios para concentrarse, no manías como piensan algunas personas.

Concluimos por tanto que no solo es importante el entrenamiento físico, sino también el mental. Pero, ¿Quién se encarga de entrenar la parte más complicada de un ser humano? 

Las grandes figuras del deporte reconocen la valiosa contribución a su éxito de sus coach/entrenadores. Son esas personas que quedan en segundo plano para que ellos brillen, los que en ocasiones les dicen que están equivocados o que hacen algo mal, los que les ayudan en su peregrinaje al desarrollo que conlleva al éxito. Aunque estos individuos permanecen en la sombra, cada vez la sociedad, más mentalizada de las competencias necesarias para alcanzar las exigentes metas en cualquier ocupación, les da protagonismo y les otorga la condición de indispensables en ese peregrinaje. Todos somos conscientes de la importancia de Sergio Scariolo con la selección de baloncesto o Toni Nadal para Rafa. Recientemente, en este sentido, comentaba Toni Nadal que lo importante no es ganar Roland Garros o el US Open, sino mejorar. 

En paralelo en el mundo de la empresa ocurre igual, todo tiene sus principios y métodos, y al concluir un proyecto, empiezas otro de cero. Con esfuerzo y entrenamiento se avanza y se mejora. Para ello hay que estar dispuesto a escuchar y dejarse guiar. Evidentemente no todos, aunque nos lo propongamos, podemos ser el número uno del tenis, pero sí que podemos mejorar.

¿Qué características ha de tener un buen coach-entrenador-líder? ¿Qué puede hacer para que su equipo funcione mejor? ¿Qué ideas podemos poner en marcha para mejorar nuestros equipos y posibilitar alcanzar logros en nuestra empresa?

  • En línea con trabajar la concentración se puede, dentro del programa de bienestar de la empresa, organizar unas sesiones de mindfulness, que ayudaran a su equipo a centrarse mejor y a conocerse a sí mismos. Algo que también se complementa con el ejercicio físico, una alimentación equilibrada y un descanso de calidad. 
  • Fomentar la diversidad, algo que está demostrado incrementa la creatividad e innovación. En esta línea es positivo organizar seminarios en los que los participantes se liberen de sesgos inconscientes y prejuicios. 
  • Trabajar en los valores, ponerlos en práctica en el día a día. Entrenar la habilidad de dar y recibir feedback, tanto de arriba abajo y viceversa como entre los propios miembros. Los equipos mejoran su desempeño, y las relaciones fluyen con normalidad, estableciéndose una inercia de mejora continua. 
  • Trabajar en sus habilidades de liderazgo constantemente, por ejemplo, con la ayuda de un coach. Evidentemente el carisma ayuda en la tarea, pero siempre un buen líder se puede esforzar por crear un buen clima, que haya una buena comunicación, ser generoso con su equipo, hacer que no prime el individualismo sino el trabajo del equipo, siendo honesto y creíble.