AUDITOR, ¿AMIGO O ENEMIGO?

Nahun Frett, experto en auditoria interna, nos define la auditoria diciendo que “no es una simple labor, es mucho más que una profesión, es una filosofía de trabajo,… No somos un grupo técnico aislado sino una amplia gama de profesionales, que agrupan un conjunto de conocimientos clave, para ayudar a las organizaciones a alcanzar el éxito”

Si eres auditor hasta sonreirás al leer esto: “¿quién se cree este listillo que viene a inmiscuirse en nuestras cosas y a criticar como lo estamos haciendo, cuando los que más sabemos somos nosotros de nuestro negocio?… y encima le estamos pagando…” En muchas ocasiones las empresas ven al auditor como esa persona; sinceramente. ¿cuántas veces te has encontrado con este tipo de situaciones, o como mínimo con la duda sobre cómo se te percibe en las empresas a las que auditas? Ciertamente este es un sentimiento habitual, y no debería serlo.

Un auditor se define como una persona con la capacidad y la experiencia necesaria, que ha sido certificada y/o designada por una autoridad o empresa competente, para examinar, revisar y evaluar de manera coherente los resultados de la gestión (administrativa, financiera, industrial, etc…) de una entidad gubernamental o empresarial con el fin de informar sobre lo revisado, emitiendo un reporte con las principales conclusiones, observaciones y recomendaciones que ayuden a mejorar la eficiencia y su ajuste a la normativa vigente.

Uno de sus mayores y mejores atributos es saber escuchar, nunca emitirá una valoración subjetiva, sino que se basará en criterios que establece la norma y la desviación que objetivamente ha observado. Su objetivo es que logremos la excelencia, basándose en un cumplimiento riguroso de la norma que se esté valorando.

Al ser auditados hemos de proporcionar al auditor toda la información que nos solicite y no hemos de ver las recomendaciones que emita como algo inalcanzable, sino que hemos de percibirlo como una oportunidad de mejora y adoptar una actitud de superación para poner en marcha las acciones necesarias con el fin de superar los puntos recomendados en el informe de auditoría. Es aconsejable también que establezcamos unos plazos razonables para superar los puntos que figuran en el informe, incluso podemos dividir las acciones para facilitar su consecución. Ante las dudas que nos puedan surgir, siempre podemos hablar con el auditor para que nos guie a través de la incidencia que ha detectado recomendándonos opciones que nos ayuden a solventarla.

Si hemos de posicionarnos entre amigo o enemigo, claramente deberíamos inclinarnos por una figura similar a un amigo, ya que el auditor acude a tu empresa al solicitarlo, ya que pretendes superar una auditoria o quizá con objeto de obtener una certificación, y lo hace para ayudarte a cambiar o mejorar tus procesos y procedimientos, solo pretende que te ajustes en mayor medida a las normas que han sido diseñadas para un uso correcto de las acciones en tu empresa.